Un lugar sin tema definido donde tienen lugar todo tipo de pensamientos, delirios y sentimientos. Un lugar sin trascendencia en el que nada parece venir a cuento y todo tiene cabida. Un lugar donde dejar volar la imaginación. Un lugar donde la gravedad es limitada.

sábado, 21 de enero de 2012

Tímida, introvertida y un poquito rara.

¿Por qué a la gente le cuesta tanto apreciar el silencio? En serio, no tiene nada de malo. No es necesario rellenar cada segundo de cada día con palabras, más si son palabras huecas que solo buscan acabar con él para evitar incomodidades. Parece que siempre es incómodo, pero para mí no tiene nada de malo.  En ocasiones las conversaciones me agotan, aun cuando no participe en ellas. El simple hecho de oírlas sin poder desconectar me satura.

¿Y qué hay de la gente introvertida? ¿Porque a la gente le molesta tanto una persona así? Salvo con algunas personas y en algunas situaciones, me gusta más estar en mi mundo interior que participar en el que me rodea. Generalmente la gente no comprende que a una persona no le guste relacionarse con los demás tooodo el tiempo y piensan de ella que es una borde, una antipática, una aburrida... En mi caso hay personas con las que conecto enseguida, otras con las que me lleva un tiempo tomar confianza y un tercer tipo de personas con las que no llego a conectar nunca. A esto hay que sumarle mi incapacidad para fingir afecto. Si alguien me cae mal no puedo (ni intento) fingir lo contrario. No lo considero algo malo, creo que el mundo sería un lugar más sencillo sin tanta hipocresía y falsedad. No obstante, la mayoría de gente parece preferir ser tratada con cierta dosis de ambas. No digo que nos tiremos de los pelos si no congeniamos, ante todo soy muy educada y no le faltaré el respeto a nadie, pero no esperes que te pregunte por tu vida ni me interese por ti y por tus quehaceres si no lo siento así solo porque sea socialmente lo correcto. 
Personalmente combino timidez e introversión y desconozco en qué grado me afecta cada una. A veces no hablo porque me da vergüenza, otras porque simplemente no quiero hablar. 

¿Cuál de las dos se da más a menudo? No lo sé, supongo que se alternan y entremezclan a la perfección para hacer de mí esa chica rara que a veces no habla y a veces no calla y en ocasiones hace tonterías sin importarle nada y que a veces parece odiarnos y a veces no, y sólo a algunos de nosotros y a otros no, y en muy diversos grados, según le dé
Cuando estoy rodeada de gente que me inspira confianza puedo ser bastante habladora, cuando estoy con gente que no me da buen rollo puedo estar completamente callada durante horas. En realidad basta con que una persona de un grupo no me dé buen feeling para que no me sienta con ganas de hablar con naturalidad. Normalmente en grupos grandes no me siento cómoda. Hasta aquí lo que podría definir como timidez. 

Sin embargo, independientemente de si me siento cómoda o no en una situación social,  prácticamente nunca hablo de mi vida o de mis sentimientos. De nada demasiado personal. No creo que nadie de mi trabajo sepa decir tres cosas de mi vida personal. Solo la gente que es muy amiga mía podria hacerlo. ¿Qué edad tiene? ¿Qué estudia? ¿Tiene hermanos? ¿Con quién vive? ¿Tiene mascotas? ¿Qué aficiones tiene? Hay gente que enseguida se pone a hablar de su vida con total tranquilidad. El otro día le pregunté a un compañero de trabajo ¿Qué tal? La típica pregunta que busca una respuesta concreta: Bien. Él me respondió: Fatal de dinero. Ante lo cual yo pensé: demasiada información para un pregunta de cortesía.

Me cuesta abrirme a los demás, pero la gente tampoco tiene intenciones de conocer a una chica que apenas habla y que parece no tener nada que decir. Por mi parte siempre he acogido a la gente nueva o a la que por lo que fuera no estaba integrada, no sólo porque me recuerden a mí en muchos momentos, sino porque es mi forma de ser. Supongo que en el fondo estaría bien que alguien lo intentara conmigo. Aunque supongo que es más fácil y más rápido y más cómodo hablar con alguien extrovertido que comente su situación financiera sin venir a cuento y sin reparos.

jueves, 19 de enero de 2012

Antes de la treintena

Hoy he sido testigo de una situación realmente cómica. De humor negro, porque sabes que estás siendo mala, y que en el fondo lo que sientes no es simple y pura risa, sino una mezcla a partes iguales de vergüenza ajena y miedo, ante la cual reaccionas con humor, y por tanto estás siendo mala. Miedo porque algún día te encuentres en esa vergonzosa situación y el espectador de turno sienta eso mismo por ti.

El hombre que iba delante de mí en la caja del Eroski le ha preguntado a la cajera:

¿Usted es Roberto? Porque aquí (señala en un punto concreto de su recién adquirido ticket) pone Roberto". 

La cajera se ha quedado impactada por el chiste malo contado con tan poca gracia (en realidad ni José Mota podría hacer uno bueno con ese pobre material), como todos los demás compradores. Le ha explicado que su compañero Roberto había abierto la caja y no había cerrado su sesión (o como lo llamen). Hasta ahí su reacción ha sido la normal. A partir de ahí no tanto.

Pero bueno, para cualquier reclamación, soy Encarna (sube y baja párpados a triple velocidad).

Ah, un nombre muy bonito... ENCARNA (dicho en mayúsculas, con acento en la primera ene).

Por suerte mi amiga ya había cogido su lechuga rizada y nos hemos alejado lo suficiente antes de tener que oír la continuación y ver el resultado del ligoteo improvisado. No obstante, la vergüenza ajena ha dado paso al miedo según nos alejábamos. 

Si continúo soltera a los cuarenta (y con cero experiencia amatoria en mis 22 años de existencia voy a buen ritmo):

¿Llegará un día en que le siga el juego a cualquier hombre que intente ligar conmigo por miedo a que sea el último en intentarlo?
¿Acabaré ligando o siendo víctima de un ligoteo insulso en las cajas de supermercados(léase en cualquier establecimiento frecuentado con asiduidad por cuarentones como yo en ese entonces: la caja, la panadería, la plaza del mercado...).
¿Me gustará serlo?
¿Quedará algún hombre interesante soltero para entonces? 
¿Aún tendrá pelo en la cabeza?
¿Será sexualmente inexperto como yo?
De serlo ¿Se correrá en los preliminares?  
¿Resultaremos tan sumamente vergonzosos en la cama que no querremos volver a intentarlo?
¿Moriremos vírgenes?

Tantas preguntas sin respuesta.
Lo único que sé es que no quiero morir virgen. Por tanto quiero un hombre. A poder ser antes de la treintena. Qué coño, a poder ser YA. Y a poder ser uno de esos guardias civiles tan altos y guapos y fuertes que pasan corriendo sin camiseta por delante de mi casa y cuyos torsos esculpidos por los dioses resplandecen bajo el sol del atardecer.
Por pedir que no quede.



lunes, 9 de enero de 2012

Desánimo generalizado

Aquí estoy una vez más. Ha pasado bastante tiempo desde la última vez, pero realmente no he tenido nada nuevo que contar. Mi vida sigue igual, lo cual, tratándose de un coñazo de vida, es deprimente. En Nochevieja, después de comer las uvas, y después de que cada miembro de mi familia volviera a sus respectivos quehaceres, cosa que sucedió en torno a las 00:02, me senté frente al ordenador, como cada noche, y comprendí asqueada que mi vida seguiría igual. Me invadió un sentimiento de tristeza superior al habitual el resto del año. ¿Año Nuevo vida nueva? No para mí. 

No es que no quiera cambiar algo, en realidad lo deseo con todas mis ganas. Pero ¿el qué? No sé qué rumbo tomar. No sé qué es lo que deseo. No sé cómo me gustaría verme dentro de unos años. Ni en un futuro inmediato ni en futuro lejano. Solo sé que tal y como estoy ahora no. Pero ¿qué es lo que quiero cambiar? ¿Quiero ponerme a trabajar cuanto antes por medio de una oposición o volver a estudiar algo que me llene más? En caso de opositar ¿a qué opositaría? ¿Querría quedarme en mi ciudad? En caso de estudiar ¿qué estudiaría? ¿Algo que me guste aunque no tenga salidas o algo que no me disguste pero con mejores expectativas laborales?  

Siento que estoy perdiendo el tiempo. Y no sólo lo siento, lo sé a ciencia cierta. Con la de cosas que me gustaría hacer no hago nada. Simplemente me dedico a ver el tiempo pasar. Me dedico a ver pasar la vida sin participar en ella. Envidio a la gente que sabe lo que quiere y hace lo necesario para conseguirlo. Yo no solo no sé sino que además no hago. Estoy paralizada. Y no sé por qué. 
¿Seré deprimente por naturaleza? 
¿Llevaré en los genes la insatisfacción y la infelicidad? 
¿Encontraré algún día mi camino en la vida?

De momento sólo sé que no sé nada.