Un lugar sin tema definido donde tienen lugar todo tipo de pensamientos, delirios y sentimientos. Un lugar sin trascendencia en el que nada parece venir a cuento y todo tiene cabida. Un lugar donde dejar volar la imaginación. Un lugar donde la gravedad es limitada.

jueves, 19 de enero de 2012

Antes de la treintena

Hoy he sido testigo de una situación realmente cómica. De humor negro, porque sabes que estás siendo mala, y que en el fondo lo que sientes no es simple y pura risa, sino una mezcla a partes iguales de vergüenza ajena y miedo, ante la cual reaccionas con humor, y por tanto estás siendo mala. Miedo porque algún día te encuentres en esa vergonzosa situación y el espectador de turno sienta eso mismo por ti.

El hombre que iba delante de mí en la caja del Eroski le ha preguntado a la cajera:

¿Usted es Roberto? Porque aquí (señala en un punto concreto de su recién adquirido ticket) pone Roberto". 

La cajera se ha quedado impactada por el chiste malo contado con tan poca gracia (en realidad ni José Mota podría hacer uno bueno con ese pobre material), como todos los demás compradores. Le ha explicado que su compañero Roberto había abierto la caja y no había cerrado su sesión (o como lo llamen). Hasta ahí su reacción ha sido la normal. A partir de ahí no tanto.

Pero bueno, para cualquier reclamación, soy Encarna (sube y baja párpados a triple velocidad).

Ah, un nombre muy bonito... ENCARNA (dicho en mayúsculas, con acento en la primera ene).

Por suerte mi amiga ya había cogido su lechuga rizada y nos hemos alejado lo suficiente antes de tener que oír la continuación y ver el resultado del ligoteo improvisado. No obstante, la vergüenza ajena ha dado paso al miedo según nos alejábamos. 

Si continúo soltera a los cuarenta (y con cero experiencia amatoria en mis 22 años de existencia voy a buen ritmo):

¿Llegará un día en que le siga el juego a cualquier hombre que intente ligar conmigo por miedo a que sea el último en intentarlo?
¿Acabaré ligando o siendo víctima de un ligoteo insulso en las cajas de supermercados(léase en cualquier establecimiento frecuentado con asiduidad por cuarentones como yo en ese entonces: la caja, la panadería, la plaza del mercado...).
¿Me gustará serlo?
¿Quedará algún hombre interesante soltero para entonces? 
¿Aún tendrá pelo en la cabeza?
¿Será sexualmente inexperto como yo?
De serlo ¿Se correrá en los preliminares?  
¿Resultaremos tan sumamente vergonzosos en la cama que no querremos volver a intentarlo?
¿Moriremos vírgenes?

Tantas preguntas sin respuesta.
Lo único que sé es que no quiero morir virgen. Por tanto quiero un hombre. A poder ser antes de la treintena. Qué coño, a poder ser YA. Y a poder ser uno de esos guardias civiles tan altos y guapos y fuertes que pasan corriendo sin camiseta por delante de mi casa y cuyos torsos esculpidos por los dioses resplandecen bajo el sol del atardecer.
Por pedir que no quede.



1 comentario:

  1. Hormonas revolucionadas, eso es lo que tenemos. Eso y un tardío momento, eso que la gente dice "La edad del Pavo". Ay, qué será de nosotras... Y qué envidia me das por poder ver cuerpos esculturales, porque desde mi ventana sólo se ve a los vejestorios beodos intentando ligar patéticamente con la camarera (Boliviana y más fea que una uva pasa. Ay.

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