No tenía intención de escribir, pero esta canción, a la cual llegué tras varios clicks en relacionados de Youtube, me inspiró a escribir estas palabras.
Aquel 16 de Junio de hace cinco años mi mundo cambió drásticamente. Hasta entonces siempre había creído que no podría vivir sin él, que el dolor sería demasiado insoportable. Creí que era imprescindible, que no podría sobrevivir sin sus consejos, sin su cariño... Fueron necesarios cinco años para, sin apenas entender por qué en este momento, dejarle ir. Ese dolor con que antes le recordaba emergió durante aproximadamente un mes tal y como había surgido cuando se fue, una especie de recaída a lo bestia por lo visto necesaria para poder dar un paso adelante, y, de repente, sin haber hecho aparentemente nada, dejó paso a otro sentimiento, que aún no identifico ni nombro, pero que no puede calificarse de pena por su prematura ausencia, ni de dolor por todo cuanto él nunca podría hacer aquí, ni de arrepentimiento por todo cuanto no nos dijimos o hicimos, ni de enfado con la vida por habérselo llevado tan pronto. Este sentimiento, que ahora mismo hace que afloren lágrimas en mis ojos, no es negativo. Sí, lloro y sonrío al mismo tiempo, lloro porque no está, y nunca estará, al menos fisicamente, pero sonrío porque estuvo y de alguna manera siempre estará aquí conmigo, y con todos los que le conocimos y tuvimos el placer de compartir parte de nuestra vida con él, de aprender de su fortaleza ante la adversidad, de su humor ante lo bueno y lo malo de la vida. Sonrío porque sé que yo no sería quien soy de no ser por él, y porque he aprendido a vivir sin él, como sé que a él le gustaría, como él intentó que hiciera cuando enfermó, sonrío porque al fin puedo tener fotografías suyas sin sentirme mal, porque puedo recordarle, y porque al fin, después de cinco años, pude ir a ese lugar donde descansa, y despedirme de él, o como dice una persona vital para mí en este nuevo rumbo que está tomando mi vida, REENCONTRARME con él.
No creo que él viva en ningún otro lugar, nunca he creído en ello y no voy a empezar a hacerlo ahora, aunque hasta hace poco lo intentara para mitigar mi dolor. Creo que vive dentro de mí, el recuerdo que yo tengo de él hace que se mantenga vivo, el hecho de poder imaginar lo que habría dicho o hecho en una situación que se me presente hace que siga vivo, el hecho de que me digan que actúo o hablo como él lo habría hecho, el simple hecho de que alguien siga recordándole hace que siga vivo. Y al menos mientras yo viva él seguirá vivo.
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