Un lugar sin tema definido donde tienen lugar todo tipo de pensamientos, delirios y sentimientos. Un lugar sin trascendencia en el que nada parece venir a cuento y todo tiene cabida. Un lugar donde dejar volar la imaginación. Un lugar donde la gravedad es limitada.

viernes, 24 de abril de 2015

Mi nuevo mañana se inicia hoy

Los malos de película son geniales, al menos los buenos malos. 
Sin embargo, en la película de mi vida, yo siempre he sido la chica buena. 

Siempre seguí el camino que creía marcado para mí con lo que nunca tuve que preocuparme por mucho más que respetar los semáforos que marcaban mi ritmo. Sin cruces, con señales cuyo significado ni siquiera me esforzaba en entender, sin tráfico en contra, con la ruta perfectamente marcada hacia un destino que creía conocer y ansiar, pues otros lo conocían y ansiaban para mí. Tan sólo había que sentarse y aguardar, como aguarda un copiloto confiado sin preguntar ni cuestionar a dónde le llevan.

Pero hace ya un tiempo el tráfico fue menguando, y, de repente, después de un tiempo sin mirar a la carretera, sabiendo perfectamente qué acontecimientos me habían desviado, pero sin saber qué salida, equivocada o no, había tomado, llegué, tras varios años a la deriva por el solitario desierto, a una intersección sin señalizar, con destinos totalmente desconocidos. 

Por delante de mí, la misma angosta carretera, prometiendo los mismos baches y largos y sombríos túneles, perdiéndose en el horizonte, imponente y misteriosa, prometiendo ni un sólo giro, totalmente recta y aburrida, hacia el mismo horizonte sin fin, tal como la conocía y odiaba. En la maltrecha señal de madera que custodia el camino de tierra que la atraviesa parece leerse, bajo capas de polvo del desierto que me rodea: Tus sueños

¿Seguir adelante, esperando una señal que custodie un camino diferente, con menos polvo, quizás incluso asfaltado, con algún otro conductor que me dé seguridad de un destino prometedor, esperando que la carretera no acabe antes de encontrarlo? ¿Regresar a la seguridad de la autopista? ¿Dar media vuelta y deshacer todo el camino andado dándolo por equivocado e incorporarme de nuevo a la transitada nacional? ¿Y, si regreso y algún día llego al final del camino, o al menos a una gran parada, será todavía ese ansiado destino que mi  yo de 17 años aguardaba con entusiasmo? ¿O entrar por ese camino de tierra y polvo, apenas marcado, que podría ser aún más tormentoso que la carretera pero que, si la señal está en lo cierto, podría conducirme al mejor de mis destinos?

Ahora mismo no tengo mucho que ver con cómo pensaba y sentía aquella chica de 17 años que iba por aquella autopista sin mapa en la guantera. En realidad, supongo que no me conozco demasiado bien, y no sé muy bien cómo soy ni qué me mueve, ni qué espero en esta vida, y que aunque pudiera elegir mi futuro con tan solo escribirlo en un papel no sería capaz de decidirme. La emoción de un camino nuevo e intransitado tiene algo de mágico, pero si caminas mucho tiempo sola, sin rumbo, sin conocer cuándo alcanzarás tu destino, o si llegarás a alcanzarlo, o si realmente ese camino lleva a dónde esperabas, bajo el sol y el polvo del desierto, te acabas ahogando. 

Tan sólo sé, que no quiero continuar soportando estos baches que se han convertido en mi banda sonora, y que, al menos en un futuro cercano, cualquiera de las dos opciones es mejor opción.

Así que, como gritaba un buen malo al mundo, allá por el 75, el nuevo mañana se inicia hoy

Hoy giro el volante.

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