En mi último día libre, antes de volver a la rutina de mis tres o cuatro horitas nocturnas (por expresa petición mía según el contrato estándar de la empresa) de estresante trabajo en un local de comida rápida, me dispongo a pasar una de esas tardes en las que todo va a ir de mal en peor, una tarde de bricolaje amateur.
El caso es que soy bastante manitas, he desmontado un dormitorio de los que van atornillados a paredes ante la atónita mirada de los presentes, he montado muebles de los que te vienen separados en todas sus micro partes, he tenido que limar unas patas de metal con papel de lija para que encajaran en sus reducidos receptáculos… incluso soy más fuerte de lo que parezco, mis en apariencia frágiles brazos han transportado una batería de coche durante más o menos un kilómetro en tres ocasiones a lo largo de dos días consecutivos (la tía de la tienda pudo dármela igual que la que le llevé desde el principio). Aprendí que el peso de algunos objetos no se corresponde con sus pequeñas dimensiones y que la recepcionista de Norauto pasa de todo.
Pues bien, la misión en la que me embarco se presenta bastante sencilla a simple vista; bajar una de las baldas de mi estantería para que la superior quede más alta y pueda alojar en su interior la tele vieja de la cocina que acabo de heredar. A lo largo de los costados del mueble hay unos agujeritos a intervalos regulares, y uno de los huecos ya es más alto, con lo cual deduzco que posible es. La clave estará en encontrar el mecanismo.
Además, influenciada por una etapa de mi vida en la cual estoy intentando entrar en contacto con las artes orientales del bienestar, léase reflexología, acupuntura, y, más concretamente en este caso, feng shui, necesito una mini balda en el lado opuesto a la mesa que he utilizado como mesilla de noche durante los últimos 22 años. La explicación está en que según las indicaciones del feng shui mi cuerpo no estaba en armonía con el entorno tal como yo lo situaba para dormir, así que ahora la almohada está en el lado contrario, y puede que mi cuerpo esté feliz, pero tener que levantarse para dar la luz de noche, para coger un vaso de agua o para ver la hora no me hace muy feliz que digamos.
Así que nada como aprovechar esta tarde lluviosa de otoño para ponerme manos a la obra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario