Un lugar sin tema definido donde tienen lugar todo tipo de pensamientos, delirios y sentimientos. Un lugar sin trascendencia en el que nada parece venir a cuento y todo tiene cabida. Un lugar donde dejar volar la imaginación. Un lugar donde la gravedad es limitada.

martes, 8 de noviembre de 2011

Inconfesables e incomprendidos



Supongo que todos tenemos asuntos de los cuales no nos sentimos precisamente orgullosos; pensamientos o acciones que sólo la peor de las torturas medievales nos haría confesar. En ocasiones mi mente se ve inmersa en pensamientos ejecutados a modo de flashback superpuesto a la realidad que de haber acometido me habrían convertido en un siniestro ejemplo de lo que una trastornada mente humana es capaz (soporto mucho estrés en el trabajo, diría en mi defensa). En el otro extremo de mis pensamientos inconfesables se encontrarían aquellos calificados para mayores de 18 años y que chocarían en sociedad con mi apariencia de joven pura e inocente (en este terreno he madurado tardíamente y tengo inquietudes propias de la quincena, lo admito). 

En cuanto a acciones, podría incluir algunos de mis hobbies en esta categoría de inconfesables; hacer puzles de doce a tres de la madrugada escuchando a la vidente de turno en Veo7 es un buen ejemplo de ellos (no es una peli de los hermanos Wayans pero he de admitir que en ocasiones me parto con ella y sé que algún día acabaré colgando en youtube sus momentos estelares, en una cuenta no asociada a mi verdadera dirección de e-mail).

Pues bien, además de mis hobbies inconfesables me quedan los que, tras una larga reflexión, he calificado como incomprendidos, algunos de los cuales relato a continuación:

   Cine coreano: Me aficioné a él durante mi horrible período de prácticas (me equivoqué de carrera; maldigo y maldeciré por siempre al orientador del instituto); al llegar la noche sentía la madrugada, y por ende el comienzo de una nueva jornada de prácticas, demasiado cerca, y sabía que en cuanto cerrara los ojos me despertaría en ella, por lo que mantenerme despierta el máximo tiempo posible para alterar mi percepción del tiempo era mi mayor prioridad (es una locura, lo sé, el tiempo transcurrido era el mismo, pero si lo pensáis tiene su lógica). La primera peli que vi, y de la cual me enamoré fue “A moment to remember” y a partir de ahí me fui metiendo de lleno en este cine.


Música indie y bandas sonoras: Supongo que no es algo tan extraño, aunque a la gente sí parece chocarle que a una chica de mi edad no le vaya el rock, el heavy ni las canciones de los 40 principales sino Ingrid Michaelson o Alexandre Desplat.

 



Continuará próximamente...

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