Me he propuesto hacer entradas breves, que no me tomen más de diez minutos para obligarme a hacerlo más a menudo así que allá voy.
Siempre he sido una persona tranquila, nunca he sido de estresarme bajo ningún tipo de presión. Por Dios, si ni siquiera me estresé cuando hubo un incendio en mi edificio. Soy ese tipo de persona en la que la gente estresada por naturaleza confía para que les den un empujoncito hacia la calma y serenidad. Pero supongo que todo tiene un límite, y yo lo alcancé la semana pasada. Mi cuerpo dijo basta, y durante unas horas pareció despegarse de mi mente e ir ambos por libre. Nunca me he emborrachado así que no sé si será la misma sensación, pero desde luego fue la sensación más desagradable de mi vida. Pensé que se me había ido la olla, o que me estaba muriendo. Y nadie hacía nada para ayudarme.
Y aquí estoy, justo una semana después. Sigo estresada. Muy estresada, y eso que ya no puedo hacer menos de lo que hago. Es un estado permanente de estrés que espero desaparezca pronto y deje paso a mi felicidad extrema habitual.
Tengo que cambiar algo en mi vida. Para empezar menos estudios y más diversión. Más deporte y aire libre y menos gente neuras a mi alrededor. Se acabó el recargarse la energía en esta estación de servicio amigos. He echado el cierre. Mi energía es para mí. Mi serenidad también. Podéis contagiaros de ella, pero no robármela.
Afortunadamente el karma me ha echado una mano en este sentido y una de esas personas que consigue estresarme se ha echado pareja o algo así y se ha centrado completamente en ella.
Bien por mi, al fin podré descansar.
Espero que te vaya bien. Desgraciadamente, parece que ahora los pocos focos irritantes, te afectan más. Ojalá, ojalá, ojalá le matemos.
ResponderEliminar> <
.x.