Cuando decidí volver a la universidad, después de darle cientos de miles de vueltas durante mi año sabático (osea, después de vaguear y aburrirme como una ostra durante un año trabajando cincuenta horitas al mes en horario nocturno y durmiendo hasta las tres) además de la satisfacción de estudiar al fin lo que me gusta, consideré la posibilidad agradable de acceder a una carrera poblada de hombres: pillar cacho de una /%&·/"% vez... molarle a algún ingeniero macizorro y hacernos guarradas en las diferentes estancias de la universidad (soy inexperta en el sexo pero sospecho que soy muy guarra, o que lo seré; espero, confio, deseo: pronto).
Pero mi vida no ha sido nunca como había planeado, y si algo que podía ser apasionante puede volverse algo siniestro y divertido que pueda entretener a los que me rodean y convertir mi vida en una especie de comedia perpetua hágase tu voluntad oh maldito karma. Porque toda clase que se precie acaba teniendo sus cotilleos amorosos: sus rollitos de borrachera, sus parejitas estables y, cómo no, sus amores unidireccionales.
No era suficiente con sacarle varios años a todos mis compañeros, haciendo que me viera como una pederasta en potencia si me sintiera atraída por alguno. No. No era suficiente con verme rodeada de ingenieros de cuarto de mi edad en la máquina de café y verme recluida en primero. No. De entre todos los hombres de esa facultad, de entre tios de metro noventa, morenos de pelo rizado, con sonrisas que me derriten y espaldas que imagino recorriendo con mis manos en algún rincón poco frecuentado de la biblioteca, tenía que gustarle al plasta de la clase.
Y es que este tio me irrita. Me resulta molesto en todos y a todos los sentidos. No soporto verle, ni oirle, ni tocarle, no me gustaría olerle y de chuparle ni hablamos.
El caso es que hay un cachondeo generalizado que se va extendiendo por toda la clase, porque yo no soy una chica despampanante ni mucho menos, pero él es tan insoportable que yo podría ser la hermana menos agraciada de betty la fea y todos sabrían que le rechazaría igualmente (es que no es solo el físico, si a mi me van feillos, es el pack completo). Total, que vivo esperando que me diga algo para rechazarle amablemente pero como no lo hace no puedo (y eso que me había propuesto ser delicada si se diera el caso de que me dijera algo) y solo me sale ser cada día más y más borde (y luego me siento mal porque tengo una conciencia muy desarrollada y ñoña que no me trae más que problemas) pero ni aún así consigo quitarle el filtro de color de rosa por el que ve el mundo en estos momentos...
Y mientras tanto los macizorros de cuarto en la máquina del cafe...
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