Desconozco si siempre me he sentido de esta manera, si es algo que llevo dentro o algo que he ido perfeccionando al pasar tantos años apartada de un contacto regular con personas. El caso es que a veces me cuesta comprender las emociones ajenas. Aún con todo, creo que llego a entenderlas mejor que las propias (soy un caos mental constante). En realidad creo que podría decirse que tengo bastante capacidad empática, pero a veces me cuesta conocer las intenciones de quienes me rodean, no sé si por ingenuidad o por mi mencionada falta de experiencia.
Realmente desaproveché los años decisivos para el perfeccionamiento de estas habilidades y creo que las pocas que tengo son debidas al consumo masivo de animes, películas, magas y libros, con lo cual uno puede imaginarse que mi concepto sobre ciertas cosas (amistad, amor, sueños...) está bastante alejado de la realidad, y por tanto me cuesta entender, y sobretodo aceptar, ésta. Viví el 90% de mi adolescencia en mi cabeza, tras música épica y bandas sonoras, imaginando lo que quería hacer, quién quería ser, sin mover un solo dedo por hacer esas cosas, ni intentar nada por llegar a ser esa persona que me imaginaba siendo, esa persona que podía mirarse al espejo orgullosa de quién era, de lo que había logrado. La realidad no me parecía una opción mejor. Supongo que ahora tampoco lo parece. La imaginación es un arma muy poderosa, aunque quizás en mi caso el término exacto es "escudo", si se utiliza, como yo la utilizaba, para evitar salir ahí afuera a tomar las riendas de mi vida. Cuando uno ve el mundo ahí afuera oscuro y sin esperanza, cuando se siente solo, ese rinconcito de nuestra mente en el cual podemos volar, ser más altos, guapos y fuertes, tener amigos, una familia, vivir aventuras, encontrar el amor, encontrar la paz y, en definitiva, ser felices, es la mejor alternativa.
Yo solía hacerlo, y funcionaba... por un tiempo. Pero al final la realidad siempre te alcanza, y es más fácil de asimilar si siempre has tenido en cuenta que estaba ahí, que siempre había estado ahí, esperándo a que te decidieras a participar en ella.
Quizás a día de hoy soy demasiado sencilla; no quiero llamarme simple, pero tengo una forma de ver la vida "bastante poco complicada" que he ido elaborando tras perder lo único que importa en realidad en este mundo, lo único irremplazable, después de no haberlo aprovechado al máximo el tiempo que pude, por estar preocupándome todo el tiempo por tonterías.
Ojalá todo el mundo pudiera llegar a entender esto antes de que fuera tarde. Ojalá todo el mundo pudiera entender la vida de un modo parecido al que yo lo hago ahora: sin preocupaciones superfluas (algunas veces son inevitables, mas no hay que dejar que nos gobiernen), sin atarse al pasado, ni extender demasiado los brazos al futuro, sino viviendo en el único día que nos permite marcar la diferencia, que es HOY. Todo cuanto importa sucede HOY. Ese HOY que anhelamos, ese HOY en el cual somos felices, puede ser mañana, o dentro de cinco años, pero siempre será HOY. Pensamos en mañana y recordarmos el ayer, pero TODO SUCEDE HOY. No tiene sentido pensar en mañana, pues el único momento en que podremos cambiarlo será cuando sea HOY. Y un ayer nunca volverá a serlo, por tanto:
OLVÍDALOS TODOS; OLVIDA TODOS LOS AYERES DE TU VIDA.
Es un mensaje para todos en general, y para tí en particular, aunque no me leas.
Quiero ayudarte a olvidarte de ellos, a no pensar en los mañanas, ni en los pasadomañanas, a no recordar los ayeres, ni los anteayeres. Quiero que vivas hoy, conmigo, que pienses sólo en hoy. Quiero llegar a entenderte, a saber lo que piensas y comprender lo que sientes, y por qué has llegado a sentirte así... Y quiero ayudarte a que entiendas cómo vivo, cómo soy feliz a pesar de no haberlo pasado bien, cómo se puede seguir adelante a pesar de todo, a pesar de cualquier contratiempo que pueda surgir. Quiero ayudarte a conseguirlo, pero para ello tienes que dejarme llegar a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario